lunes, 29 de agosto de 2016

CUENTOS LIMÍTROFES

CUENTOS LIMÍTROFES
Femicidios y lesiones leves
X victoria aldunate morales
          
A Patricia Highsmith…

FEMICIDIOS

1. La muda
Venía moreteada en la cara y los brazos, un hombre bajo y hablador estaba sentado a su lado. Ella tenía el vientre de unos ocho meses y a pesar de su mirada resentida lucía como una de esas mujeres bellas de tevé: alta, blanca, rubia. Era de aquellas adquisiciones masculinas que otros hombres envidian.

A la joven profesional de la institución de Defensa de la Infancia Agredida no le gustó esa mujer. Nunca le habían gustado las tipas así… No tiene pinta de víctima, se dijo.
El hombre a su lado venía diciendo que darían al hijo en adopción, que quería que les dieran un papel para firmarlo de inmediato. Que su mujer acataba la decisión.

- Usted tiene un tono de mando - le dijo la trabajadora social con algo de molestia. A ella no le gustaba que cualquier pelafustán viniera a levantar la voz en su oficina.

"Sí", él había sido carabinero, ella no se equivocaba, por eso su tono –el hombre la miró sonriente-. 
La otra profesional les ofreció el documento para que leyeran las cláusulas, intentó entregárselo a la mujer, pero el tipo lo tomó antes y ella no se iba a meter en líos de parejas.

El día del Test, la psicóloga recordó que esta era la misma rubia que no había dicho ni una sola palabra una semana atrás. Con la trabajadora social la habían bautizado como “la muda”. Hoy en cambio estaba más elocuente. (El tipo no había podido entrar con ella a la cabina terapéutica…). La rubia parecía tener una personalidad patéticamente infantil… “Borderline”… “si no bipolar”…

La psicóloga que se enorgullecía de su “profesionalismo” hizo su trabajo adecuadamente -como siempre-. Escuchó atenta a la rubia cuando decía que se quería morir y la dejó llorar. Luego de que la vio calmada, le hablo con su acostumbrado tono dulzón:

- Bueno señora, denuncie, ahora están todas las facilidades. De acá se va a Carabineros, coloca una denuncia y punto- Se lo dijo como a una niña, secreteando, con una sonrisa cómplice a la que la rubia respondió con otra sonrisa. Ahí fue cuando vio que no era tan regia la rubia. Se le notaba lo pobre, malos dientes… Recogió la hoja de respuestas y se despidió de ella con un apretón de manos.

Luego del femicidio de la rubia, la Abogada del Observatorio de Derechos Humanos de las Mujeres envío un mail a la Institución de Defensa de la Infancia Agredida, preguntando por qué no se había hecho, desde esa institución del Estado, la denuncia correspondiente de Violencia Intrafamilar para proteger a la madre si el informe social decía claramente que “se había observado moretones y aparente temor en la mujer, así como agresividad en la personalidad del hombre…”.

La respuesta institucional no se hizo esperar y en una de sus partes rezaba: “Nuestro organismo tiene como objeto regular a favor de la infancia. Nuestro interés es el interés superior del niño –en este caso, dado ya en adopción-. A la usuaria se le recomendó denunciar…”.

2. La india
Llegó a las 9 y cuarto de la mañana, el calor abrasaba, pero a  ella no le importó. Entró adolorida y con su niña de la mano. Pidió permiso sumisa y explicó en la Oficina Institucional para la Mujer que su marido le había pegado la noche anterior. Se levantó la blusa sin que la psicóloga alcanzara a pedirle que no lo hiciera. Dos grandes cardenales cruzaban su espalda. La niña abrió unos ojos inmensos cuando vio el cuerpo de su madre, pero calló.

Me grita “india sucia”, siempre me insulta, estoy cansada, ya son 17 años, no puedo más…- Ni una lágrima, aparentemente tranquilo su rostro -¡Quiero que lo saquen de la casa, por favor!

Luego de varias horas volvió empapada en transpiración a su casa y sin respuestas. Nadie podía hacer lo que ella necesitaba. Nadie iba a sacar a su marido racista de la casa porque nadie la amparaba. Le habían propuesto ir a un refugio para mujeres y eso quería decir que él lograría sacarla de su propia casa… Debía pasar por una entrevista personal con un asistente social que decidiría si su caso calificaba o no para acceder al refugio porque eran escasos los cupos. Y después el fiscal tenía que dar la orden. La psicóloga le pidió que no dejara de asistir.

La joven jefa del departamento de la Mujer, experta en Género, se fijó en los apellidos mapuche de la mujer cuando la psicóloga le pasó su informe para firmar, luego firmó mecánica, olvidando del todo lo que firmaba, y le recordó a la profesional que debía ocuparse “un poco más” de manejar una buena convocatoria para las tres acciones municipales de “Buen Trato”: “El túnel de los sentidos”, “Los portales con siluetas femeninas” y “La promoción de Autocuidado”.
La jefa se sentía muy orgullosa de sus proyectos y la Dirección se los alababa. A la terapeuta anterior la habían echado por ocuparse demasiado de la "Primera Acogida" y muy poco de los megaproyectos. La Jefa la había despedido con una sonrisa en el rostro diciéndole que contara con ella para lo que fuera, que si bien era cierto que no habían estado nunca de acuerdo, eso no significaba que ella no aceptaba "la diversidad".

Luego de firmar el Informe “VIF” de la mujer mapuche, ordenó su traje dos piezas y comentó que se le hacía tarde para la reunión ministerial en que se corroborarían algunas nuevas estrategias de intervención en Violencia Intrafamiliar.

3. La vieja de mierda
Fue el primer día del nuevo año en la madrugada. Un tipo atacaba a una mujer en su ventana. Ella se levantó corriendo y le gritó que la dejara. El tipo no le hizo caso y ella le mostró el celular gritándole: "¡Estoy llamando a los pacos, desgraciado!".
Nadie sabe si los llamó o no, pero el tipo paró y se fue.

¡Qué se creía esa vieja de mierda! ¡No se iba a salir con la suya! Se fue a su casa a traer a todos sus familiares para que lo ayudaran. De entre ellos, su madre con un cuchillo cocinero asesinó a la vieja de  mierda por intrusa. ¡No tenía que meterse con su hijo ni defender a la puta de su mujer!

El defensor dijo que la criminal estaba defendiendo el honor de su familia. (La vieja de mierda, en cambio, sólo estaba defendiendo a una mujer, y las mujeres no tienen honor).  

4. La musulmana
En la Universidad le decían “la musulmana” y “la esclava Isaura” porque entraba a las clases de su novio para copiarle los apuntes. Lo seguía a todas partes, dicen.
Puras virtudes femeninas. Muy bonita también, una chica perfecta.

El la degolló, asesinó a su padre y más tarde acuchilló a la hermana menor. Llevaban cuatro años de noviazgo y ella lo abandonó: 
“El universitario de 26 años, egresado de Ingeniería Civil, aquejado por una depresión se suicidó luego de matar a su novia, universitaria de 22 años”. Ella “había interpuesto una constancia en Carabineros”.

El asesino dejó una carta que le había escrito antes de matarla. Le decía que la amaba, que si lo dejaba, se tiraría al Metro.
Los diarios y la tele saboreaban detalles perversos: “Desgarradora carta”, "Quiero que seas la madre de mis hijos"... le escribió antes de degollarla.

5. La terrorista
El cuerpo momificado apareció en un recinto militar: Pampa mal paso oeste, a la entrada sur de Arica, cerca del mar.

Mónica Benaroyo Pencu fue descuartizada en septiembre. Como musulmana infiel fue enterrada viva hasta el cuello en la arena. Aprisionada.
Corría el año 1973. Era rumana, había crecido en Uruguay y caminado las calles de Buenos Aires. Una viajera mestiza llegada al fin del mundo persiguiendo el socialismo. Era comunista, una extranjera peligrosa…

Fue vista por última vez trabajando en la Alcaldía de la ciudad. También se ganaba la vida como traductora y había estudiado filosofía. Fumaba Hilton, le quedaban un par de puchos y un billete de un escudo entre las ropas al morir. 
La decapitaron a patadas entre todos. Fue detenida por militares. Cuando encontraron sus restos sin cabeza ya en el siglo 21, se dieron cuenta de que cuando el Estado de Chile con Pinochet a la cabeza había decretado su expulsión por terrorista, ella ya había sido asesinada por el mismo Estado.

6. La puta rusa
Entre todos la violaron porque era una puta rusa. ¡En la patria de Lenin, con Revolución de Octubre y todo! ¡No podían tolerarlo! Ellos, venidos desde la misma lucha guerrillera, no iban aguantar que una puta rebajara el “honor revolucionario”…

Esa noche habían tomado hasta tumbarse en la nieve. El vodka era barato. El grupo de latinos la observó pasearse provocativa. Un abrigo de piel blanca y abajo una minifalda diminuta. Les había sonreído burlona y sus ojos azules se habían posado en ellos. En todos.
Uno se le acercó sonriendo y tambaleándose, luego los demás: “¡Rubia, vente con nosotros. Somos todos latinos buenos para la cama!”. Rieron porque sabían que la muñeca rusa no entendía ni jota de lo que hablaban.

-¡Para hacer bien el amor hay que ir al sur mijita! ¡Nosotros sí que somos machos!…

Ella les dijo brusca: "¿Dólares tienen?"...
- Claro pues rubia, no nos mires en menos, si no somos patipelados, ni descamisados ni pobretones… ¿Da, da, dolars yest!...
La chica se internó con ellos en el bosque.

Apenas resistió, callada, todo lo que le hicieron. Era una puta, estaba acostumbrada. La dejaron ahí tirada y sangrando. Los pechos tajeados con cortaplumas. Escucharon a lo lejos sus maldiciones y lanzaron risotadas. No le pagaron, no iban a perder ni un dólar en una basura contrarrevolucionaria como esa.

7. La sureña
-¿Del sur?- le preguntó.
- Sí- le contestó ella.
Era domingo, su día libre. Estaba sola en Santiago. El colocó la punta de un cuchillo en su garganta.

María no llora, no grita, soporta. No se defiende, no se escandaliza, no exige nada.
Se acuesta en la camilla del Instituto Médico Legal tratando de pensar que es el cuerpo de otra el que se tiende allí. Comienza a repetir su historia a la policía, a los psicólogos y al fiscal, con voz neutral. Le habla a un juez prepotente como si hablara de otra. Identifica al violador por la mirilla como si no le doliera verlo. (Le dan hora para el psicólogo). Cuando le dicen que debe volver a declarar, asiente con la cabeza. Cada vez que se dirige al juzgado, lo hace como llevada por pies ajenos. No grita ni se ofusca. Teme a la reacción de su padre, de su hermano, de su novio, de sus patrones. En ese orden.

A Fojas 109 consta que el violador es un cesante más en la ciudad.

María dice que él pareció disculparse: Que también era del Sur, que estaba solo, que su polola estaba presa, que él cree en Dios, que siempre reza....
El defensor dijo que andaba drogado, que no sabía lo que hacía y había tenido una infancia difícil.
Lo habían encontrado de madrugada con su víctima enmudecida. A ella la interrogaron para esclarecer si fue con consentimiento o sin él. El dijo que “ella quería”, que “andaba sola en una plaza desierta”.

María ahora teme más que antes salir sola a la calle. Siente más que nunca que debe disculparse con su novio. Tiene vergüenza. Dice que si queda embarazada, va a parir… por temor a Dios o a un aborto miserable. Con un hijo le va a costar quedarse en su trabajo. Sería bueno que se casara, le dicen todos.

El violador salió libre. ¿Para qué seguir con esto? ¿Para que no les pase a otras? ¡Es que nos pasa igual!… Así dice siempre su tía: “¡A las niñitas les pasa lo que les tiene pasar!... ¡A los niños en cambio no debería pasarles nunca!”. A su tía le enfurece que violen a los varones “porque es mucho peor”… 

María sale del juzgado con el corazón congelado y sólo ahora siente que lo que más le duele en realidad es su madre... Llora por primera vez.

8. La changa
- ¡Cállese carajo! ¡A la casa! ¡Vaya a limpiar su cocina, a tender la cama, a lavar vajillas! ¡Floja, re floja!

Cara chorreada de llanto, sucia de dos surcos negros. Boca apretada, ojos de fuego. ¡Se merecía un palo! Y se lo dio apenas cruzó la puerta.

La había traído a la ciudad para ser esposa y la changa andaba en la calle jugando como si nada… Los viejos, sus padres, le habían asegurado que sabía hacer de todo y él –¡estafado!- se lo había creído. 
¡Todo lo que había gastado en traérsela a la ciudad! ¡Tanto regalo! ¡Papas, carne y hasta un chancho les había dado a los viejos! ¡La vida costaba y él se la ganaba trabajando; explotado de la mañana a la noche. No como la changa ésta que no sabía hacer ni un fresco de canela! ¡No iba a permitir que le saliera como las otras! El ya tenía 40, necesitaba que se lo cocinaran y se lo limpiaran la casa…  ¡Y todavía no había podido encontrar una hembra como es debido! ¡Los viejos lo habían estafado vilmente porque esta changa no sabía ni limpiarse la nariz. Pero él le iba a enseñar porque no tenía tiempo para ir a devolverla… y porque le gustaban sus caderas... Por eso la había tomado con furia la primera noche, para que aprendiera que ese cuerpo era sólo para él. En la calle eso no se repetía. En la calle era su mujer.

- ¡Mi mujer! ¿Entendió? ¡Carajo, no llore más, si parece wawa y tiene 14 años ya!

9. La winka
No se portaba como mapuche. El la había tomado como primera esposa porque era mapuche de sangre, pero ella no entendía la complementariedad. Parecía winka.
Debía ser porque venía de la ciudad y allá las mujeres perdían todos los valores ancestrales.

Ella no entendía que era la primera mujer del hijo del lonko. No actuaba como se debía. Todo lo hacía mal. Y para peor parió una niña.
Tendría que tomar a otra primera esposa que realmente continuara el linaje de su padre como correspondía. Por eso la envió de vuelta a la ciudad con la guagua, pero le dio su apellido (eso sí). Y en el futuro, cuando la niña estuviera bien criada podría ser traída de vuelta para enseñarle a ser como se debe, pero esta esposa no podría volver, no servía. ¡La niña sí, la madre no!
Su padre le había dado el ultimatun: “No la queremos acá, parece winka”.

A él le costó deshacerse de ella porque era bella. Pero tal vez, justamente por eso, necesitaba una mujer más modesta, menos vistosa y que obedeciera los usos y costumbres como es debido.

10. La abortista
El venía de “control y cuadros” a que ella se explicara. 
¿Qué había pasado? Todos sabían que había estado embarazada y no hubo parto ni hijo. Arriba, en la Dirección, pensaban que era imprescindible que ella diera una explicación porque una cosa era que el aborto fuese legal en el país socialista en que vivían, pero otra que chilenos comunistas perdieran sus valores por culpa del exilio. La gran desgracia del pueblo chileno con tanto exilio en Europa era que se estaba perdiendo la moral revolucionaria.

El encargado intentaba explicarle a ella la importancia de mantenerse en la pureza de las ideas originales de la organización. Se explayó sobre su admiración por las mujeres comunistas que habían sido madres ejemplares, sin ir más lejos “La Madre” de Gorki... Pero no pudo terminar la frase ni el discurso porque la joven miró al “encargado” con ojos fieros y sin responder palabra fue hasta la puerta, la abrió de par en par y gritó: “¡Fuera de aquí!”.

A él le pareció que se oía en los 9 pisos de la residencia estudiantil de mujeres.
El joven encargado no tenía más de 19 años, pero su rostro parecía de anciano. Salió rápido y asustado de la habitación.
¿Qué le habría pasado a esa tipa? ¡Esto no se iba a quedar así! Iba a recomendar en la comisión que se elevara una carta a la dirección de la Universidad y se expusiera que la militante en cuestión era una persona conflictiva y violenta. ¡Qué la expulsaran, qué más daba! Gente como esta denigraba al Partido.

11. La rara
No se la quitaba de la cabeza. Su piel era olorosa.
Se habían conocido en la U hacía varios meses. Cuando la vio entrar en el aula la encontró hermosa como la luna. Su cuerpo hizo movimientos internos que sólo ella conocía y que le avisaban cuando ya no podría sacarse a una mujer de la cabeza.

Se había ido de su casa, había dejado un barrio pobre, había buscado un trabajo bien lejos, se había inscrito en la Universidad y había decidido cambiar su vida para encontrar otro mundo que no rechazara sus deseos.
En la Universidad las cosas serían distintas –se dijo- la gente allá iba a ser más liberal y tolerante.

Estaba feliz por el vuelco que daba su vida y se le acercó a esa mujer sin dudar. Entre copas y cercanías comenzaron a acostarse. Pero cada despertar era peor. Laura la culpaba de haberla provocado. ¡Sabes que soy hetero, sabes que tengo novio, que me encantan los hombres!... ¡Tú eres la “rara”!

La penúltima vez que la vio, había salido llorando de la habitación de Laura, y jurando no verla más, pero ella la llamó una semana más tarde para decirle que la perdonara, que quería ser su amiga, que asistiera a su cumpleaños. Entonces ella –la rara- fue más ilusionada que nunca y con el anillo más hermoso que pudo encontrar para su amor… Pero no era fiesta, no había invitados. Sólo el novio de Laura y la propia Laura que le dijo al oído: "Te estábamos esperando, a él le gustas mucho"… Entonces el hombre la miró, acosador, burlón, y "la rara" se estremeció de indignación.

12. La marica
Había sido hija de una retrasada. En realidad, hijo, porque “la marica” había nacido con un pene enorme entre las piernas que ahora había estado usando cuando lo necesitaba para conseguirse unas monedas con algún macho de closet. 
Sus ojos claros de guacho estaban totalmente cerrados, y una camilla lo sacaba del ruco. Dos hombres indiferentes portaban el cuerpo inerte de “la marica”.

-Tosió toda la noche y amaneció así, duro-, explicó el viejo chicha que dormía en el mismo ruco y al que nunca le había gustado que hubiese un maricón en su vivienda.

Habían dejado entrar a la marica hacía unas noches y ella había tenido que comerse varios lolys (se lo había chupado a varios)... Era invierno y no quería morirse de frío afuera, pero igual se murió. 
Un par de noches atrás, entre llantos y mocos le había estado contando al Moncho -quien nunca le había pedido que le chupara nada-, que ella era peluquera y de las buenas, que podía hacerle un cortesito cuando quisiera, porque ella no era puta, eso lo hacía no más si no le quedaba otra... Y no le había quedado otra.

Perdió la pega en el Caracol porque decían que ella tenía SIDA. Su familia la había echado de la casa porque ya no llevaba monedas y porque nunca la habían querido aunque tuviese los ojos claros. Había sido hija de la loca, una retrasada mental violada por su padre, que la había parido varón, pero ella se había vestido de niña a los 12 y la abuela la había protegido de los golpes del viejo. El problema es que la abuela se había muerto hacía dos meses, justo los dos meses que ella llevaba en la calle.

-¿Quién sabe cómo se llamaba?- preguntó uno de los hombres de la camilla aprestándose a  anotarlo en un papel para la defunción.
Hubo un silencio largo, miradas dudosas. “La marica”, le decíamos… “¡No!”, dijo el  Moncho: “Joaquina, así se llamaba, el apellido no alcanzó a decírmelo, pero ese nombre le puso su abuela y a ella le gustaba”... Pero "Joaquina" no era un nombre -lo mismo que "marica"...  
-NN- susurro el hombre de la camilla y guardó su papel.

13. La novia muerta
“¡Por qué le pegas a mi hija!”, gritó la mujer desde fuera de la habitación. “¡Mamá, no se meta que es peor!”, rogó la joven desde dentro. Más golpes, más gritos, más llanto.

“¡Su hija me engaña con el pensamiento!”, le dijo el hombre con tono neutro cuando salió de la habitación. Luego se fue a la calle dando un portazo.  La madre encontró a su hija acurrucada en un rincón de la habitación. “Soy una mala persona, mamá, soy mala”.

La madre denunció muchas veces al agresor de su hija. Siempre la derivaban al COSAM, a la Fiscalía, al Juzgado de Familia, al SERNAM… Hace tres días debió ir a buscarla a la morgue.
Su hija y el agresor se habían cambiado a la casa de la familia de él porque todos pensaban que ella, la madre, era una mala influencia que quería destruir a la pareja. En la nueva casa él golpeó a su hija hasta dejarla moribunda. 
“La víctima agonizó tres horas”, relataba una nota pequeña en la crónica roja. La familia de él no avisó a la madre de la muerta, sólo tomaron su cadáver y lo llevaron a una Urgencia diciendo que la chiquilla se había caído desde un tercer piso.

Su niña, su hija, había dejado los estudios de Veterinaria y comenzó a vestirse con ropa oscura y ancha. Esa era la imagen de la última vez que la vio cuando la joven llegó a visitarla “de carrerita” para el día de la madre.

Ahora en la tevé estaban hablando de su niña, pero era como que hablaran de otra… La periodista subrayaba “lo sorprendente que era que un joven  bien parecido, profesional,  comunicador audiovisual, matara a su novia”… La novia muerta, la novia muerta, la novia muerta… esa era su hija…
Al agresor ella nunca lo había considerado “bien parecido”, pero sabía que era “comunicador audiovisual”  porque él lo repetía hasta el cansancio con evidente vanidad… A ella no le importaba lo que él fuera o no, sólo sabía que ese maldito había asesinado a su niña y ella no había podido ni despedirla.

LESIONES “LEVES”

1. La frustrada
Que estaba muy contenta por ella, le dijo su amiga. Muy pero muy contenta de que estuviera bien, enamorada, feliz. Era bueno verla así de nuevo, iluminada. Igual se había sorprendido, le confesó: Ella pudo haber encontrado a otra… más… bonita por ejemplo… Es que la imaginaba con otra… Que cuando fuese -si es que ella iba a ponerse lesbiana- se la imaginaba otra cosa… Pero le dijo que no la malinterpretara, que no estaba siendo racista… ¡No, para nada! Es que se había hecho una idea distinta, sólo eso… Encontraba que era bueno, muy bueno que ella tuviera este amor luego de lo mal que lo había pasado con el último tipo… Es que los hombres… ¡Ay, los hombres! Era verdad eso de que “jamás aman como una necesita”. ¡Y te frustran, porque si no fuese así, entonces sería mejor tener a un hombre al lado!… ¿O no?”...

2. La bisexual
¿Venía ahora a dárselas de lesbiana o qué? Ellas sí que tenían trayectoria, procesos políticos en el cuerpo… ¡Y esta que venía saliendo del closet…! ¡Lesbiana encubierta!…

¡Canas al aire no es lo mismo que opciones lésbicas! Y además “ni closet ni ocho cuartos”, dijo otra, “si esta mina era hetero, andaba con hombres todo el tiempo y por eso va a volver a los hombres un día de estos, como todas las hetero que son así, maracas”…

“Las bisexuales no son de confiar”, dijo la primera. “¡Claro! Es que andan probando” dijo la tercera, “poliamorosas, heterocuriosas”, dicen que son, “¡Ja!”.

3. La mentirosa
¡Qué se habría imaginado esa mentirosa! Había estado casada y ahora era lesbiana. ¡Había dejado a un hombre bueno, tan bueno, dulce, tan dulce, atractivo también!… La suerte de las feas las bonitas la desean…
¡Traicionera igual que los hombres que se iban con maracas peliteñidas y escotadas en vez de quedarse con mujeres como ellas que desconocen la vanidad, consecuentes, que envejecen dignas con todas sus canas, que no mienten!
Y no había que confundirse, lo de ellas no era misoginia, ni machismo ni lesbofobia. No, era rebeldía y dignidad de mujeres libres.

Un día –cuando eran “amigas”- una de ellas le había dicho a la mujer que volvía de la playa con una trenza en su pelo teñido: “¡Qué vanidosa eres!”. La otra le había respondido con una sonrisa. ¿La muy tonta creía que era un piropo? ¡Y no! Le estaba explicando que las mujeres mienten con todos esos arreglos en su cuerpo y apariencia… ¡Y no era un juicio, era una lección de honestidad!

4. La nueva
- ¡Esta es tu nueva novia! ¡Cada vez cambias de chica, oye! ¡Qué cholera!
- ¡Hermana! ¡Qué dices!...

La nueva novia está ahí… Hablan de ella como si no estuviera. ¿Qué hace acá? ¿Qué quiere acá? ¡No es de acá!

5. La otra
Viene una changa desde otro país y dice que nos quiere conocer, que le interesa el movimiento. Ya sé que vos no estás de acuerdo… pero creo que debes estar, le dijo la líder a la otra (su novia). La otra se negó, necia y resentida como era, se negó.

Llegó la “changa” de afuera, le llamaron “hermana”. Se juntaron y hablaron. 
Una noche salieron de fiesta. La líder se emborrachó y como era su costumbre, gritó, insultó, le dijo a la otra (su novia), que “era una traicionera”, “de derecha”, porque no había querido entrar al movimiento. 
La changa de afuera, a la que ellas llamaron “hermana” lo contempló todo, incluso cuando la líder intentó ahorcar al taxista que las llevaba de vuelta a casa porque dijo que había mirado a su novia. La escena fue sórdida. La changa que quería entrar al movimiento no dijo nada. Era lo que siempre pasaba. La otra lo había comprobado. Por más machismo que desplegara la líder, todas callaban; venían del Europa a buscar exotismo, la líder se dejaba, y cuando hacía sus barrabasadas todas y todos se hacían los locos, los ciegos, sordos y mudos...
La changa a la que llamaban “hermana” entró al movimiento, se hizo líder también y le fue muy bien en eso (pero es otra historia), la cuestión es que la changa a la que llamaron “hermana” hasta hoy calla sobre la escena del taxi y las agresiones de la líder a la otra (su novia).

6. La ex
Era la ex, sólo eso. Se la veía pálida. En algún momento la oyó comentar que estaba “desarmada, destruida, sin fuerzas”, y se regocijó. Cabellos lacios, boca cerrada. Estaba distinta. Ya escasamente se advertía a aquella que antes hablaba cuando nadie le preguntaba. Ya nada quedaba de la que parecía más joven de lo que era y bailaba como si lo fuese. 
El grupo la ignoraba, excepto alguna despistada que le habló.  La vio de reojo, aislada y silenciosa, y se sintió complacida.

Al principio le habían entusiasmado sus ironías, sus salidas, su estilo. Hubiera querido ser ella, pero ya no la necesitaba, había aprendido… Ahora se peinaba como ella, se vestía como ella, llevaba de los mismos guantes y las mismas blusas… Lo había logrado.
Es que la ex, mucho hablaba, criticaba, se negaba... Había llegado a odiar a esa sabelotodo. Le enfurecía si alguien la reforzaba. Le retorcía el resentimiento cuando la líder la protegía… Pero ya no iba a pasar más, ahora era sólo la ex, se veía que no había vuelta atrás: ¡La ex ya estaba fuera de juego!

7. La tonta
Todas contra aquella “tonta”.
Así había sido la cosa. La energía se había ido reproduciendo de una en una. Las ganas de arrinconarla habían ido fluyendo así… naturalmente. Ella hablaba y todas se miraban burlonas. Ella hacía algo y todas la ignoraban. Ella preguntaba y ninguna respondía….
El regocijo de torturarla recorría los cuerpos de todas esas “compañeras”, de todas esas “hermanas”. Ella titubeaba a cada momento más y más… Ya sólo decía lugares comunes o monosílabos.

El día en que se juntaron para pintar un cartel por los "Derechos Humanos" se había transformado en la ocasión perfecta para mostrarle, entre todas, su desprecio por ser una tonta.
Ella salió de ahí cabizbaja y revolcada, y caminó mordiéndose los labios para no llorar a gritos.

8. La Nadie
Se río la compañera, que todavía se acordaba de su propia ingenuidad cuando la conoció. Le había ido a hacer una entrevista y luego se quedaron hablando varias horas. Sí, todavía se acordaba. ¡Lo fascinada que había quedado con su discurso! Que en ese tiempo era su heroína… ¡Qué chistoso! Es que en ese tiempo todavía no conocía a la líder del movimiento. ¡Y gracias a ella, a esa conversación que tuvieron, había llegado a la líder! Sí, todavía se acordaba de ese tiempo y de su propia ingenuidad…
Es que la líder era la líder. Que no se ofendiera, pero es que el movimiento es un bien mayor y no cualquiera puede liderarlo, cómo explicarle, cómo… es que existen naturalmente en el Movimiento algo así como escalones de validez… ¿entiendes?

9. La maleducada
Después de la marcha se fueron a tomar un vino. Ella cargaba los lienzos. Sus compañeras venían más atrás. Una chica que había llegado al mitin ese día caminaba a su lado. Estaba recién graduada de socióloga, según contó. El niño corría adelante:

- Yo conocí a tu hijo hace años.
- ¿Ah, sí? - le respondió ella despreocupada.
- Sí. Una vez lo llevó Jaime… Tú ya no estás con él ¿no?…

Ella la miró directo a los ojos: “No, ya no. ¿Por qué?”.

- Sólo preguntaba… nada más eso…
Siguieron caminando por la Alameda en un silencio corrompido por lo que faltaba por decir…
- Es que yo salí con él algunas veces, hace como un año y medio, y una de esas veces él me llevó a su hijo… O sea, al hijo de ustedes dos…

Ella, maleducada como siempre, se adelantó en silencio sin mirarla ni responder. Hacía sólo un año que se había separado del padre de su hijo por las humillaciones, esta era una más, y había llegado en boca de la chica recién graduada de socióloga…

10. La piedra en el zapato 
No la querían, pero no sabían cómo justificarlo.  En primer lugar eran comunistas y no podían despreciar a la gente así, sólo porque era más pobre, más morena, más ignorante o más tonta… Lo peor es que era justo lo que sentían y podían decirlo en situaciones especiales, delante de gente que los entendía, amigos de la misma calaña. Por ejemplo, decir: “Es que ella tiene poco mundo”. O decir: “La pobre es muy fea”…

Pero esto era distinto. Acá no se podía ir directo así. Ella no era fea, tampoco bella, una tipa común. No era tonta, tampoco brillante, una mediocre. Pero sobre todo, ella era una piedra en el zapato. Antes no los molestaba, aunque cuando los visitaba, siempre terminaban mostrándole su desprecio con ofensas diplomáticas: “Pecas de fundamentalismo porque no entiendes”. Ella, parece que se había cansado de eso y ya no les visitaba. Pero ahora era peor, escribía públicamente cosas que los desprestigiaba, decía ideas que los desenmascaraba a ellos, a su partido… y lo que hacía -todo lo que hacía- los retaba a verse… ¡Cuánto la despreciaban! Pero no podían decirlo.

11. Las intrusas
A su sobrina sí que la habían hecho sufrir en el colegio. Las otras niñas le hacían el vacío… Envidia, crueldad de gente con valores de mierda. Las otras eran unas niñas agresoras, torturadoras, desdeñosas, despreciativas…

Una de las mujeres que estaba con su hija, intervino para darle la razón a la relatora y contarle que a ella y a su niña les había pasado lo mismo en el colegio anterior… “¡Sí, mamá! ¿Te acuerdas lo que lloré?”, dijo la niña.

Todas, incluso la relatora callaron y miraron a la niña. A la mujer no la habían tomado en cuenta, pero la voz chillona de la niña había dejado un eco. La relatora trató de ignorarlo porque lo que estaba contando era de ella, le había pasado a ella y no a la otra. Y la otra venía a interrumpirla para colgarse de su relato. Arrugó el ceño, miró a las demás en señal de molestia y se dispuso a seguir hablando. La niña -que en ese momento había ido a la cocina- gritó: “¡Acá hay una naranja! ¿Me la puedo comer, mamá?”…

La amiga más cercana de la relatora le respondió alzando la voz: “¡No te la puedes comer porque a la que tienes que pedirle permiso es la dueña de casa y no a tu mamá!”… La mocosa tenía que ubicarse, esa casa en la playa no era de ella, su madre y la mocosa eran sólo unas intrusas que ese día ni siquiera habían comprado el pan.

12. La aparecida
¿Qué se creía esa aparecida? Sus argumentos eran la cantinela de siempre: que la clase, que la etnia, que el neoliberalismo. Cosas que había aprendido en movimientos masculinistas. No había “profundidad” en su discurso y hablaba con ese desplante como si fuera igual a ellas. ¡No tenía un nombre y llegaba acá hablando de política como si supiera, como si pudiera, como si tuviera derecho!…

No se lo dijo así la líder, pero tampoco se lo mandó a decir con nadie: Que ella sí tenía un curriculum, una trayectoria, libros, Teoría que había parido a este movimiento y no iba a aceptar que una aparecida le viniera a decir otra cosa.

13. La atrevida
Le habían dejado bien claros los límites. Ella no era originaria, que no se creyera, si solamente se había disfrazado y se había metido en esas huelgas de hambre, para mostrarse, para protagonizar, porque era lo que buscaba. ¡Y no iban a dejarla protagonizar nada! Acá nadie podía sobresalir. Acá todos eran iguales. Nada de protagonismos ni estrellatos. Ella no podía andar dando luchas ajenas. Esos eran los límites. Se iba de la organización y que se llevara a su guacho. Que no se lo decían por machismo si no porque ya estaban cansados de cuidarselo, de mirarlo cuando lloraba, de alimentarlo mientras ella andaba dándoselas de “estrella indígena”…

¿Que por qué Ramiro, el dirigente, podía hablar y ella no? ¡Cómo se atrevía a preguntar! Porque Ramiro era un luchador heroico, un patriota de verdad, un líder!… No como ella, “una loca atrevida”.

14. La deseable
Una de las primeras lecciones que recibió la niña sobre sexo fue cuando sus padres le ordenaron que no mirase a los perros aparearse en la calle puesto que era algo “feo”.
La segunda vez, ella se balanceaba sobre sí misma en la silla. "¡Eso no se hace, te mueres!", gritó la voz de su madre. La niña lo siguió haciendo escondida, desesperada, gozando siempre con el miedo a la muerte en el placer.

La tercera lección fue de su abuela: Que juntara las piernas cuando andaba con vestido, para no provocar a los hombres. La siguiente se la debía a su profesora de séptimo: la mujer había llamado aparte a todas las niñas ante la mirada sorprendida de los varones, para recomendarles a ellas que cuando estuvieran “indispuestas” ocultaran cualquier vestigio. ¡La toalla higiénica bien enrollada en papel! -les había subrayado-, y lavarse varias veces “en esos días”.

Ella había seguido en sus aprendizajes sola. Aprendió a entrar la barriga para verse más flaca, a hacer dieta permanente, a perfumarse y a depilarse para ser agradable a los hombres y a sacarle partido a su cuerpo para ser deseable. Se hizo deseable, se casó y parió. Había aprendido.
Lo que no pudo aprender nunca fue a tener orgasmos, pero esa es otra historia.

 victoria aldunate es lesbiana feminista, estos cuentos fueron escritos entre los años 2009 y 2016, en Chile y en Bolivia. 


jueves, 18 de agosto de 2016

KLAURA ANCHIO BOROA*, POETA FEMINISTA Y CREADORA MAPUCHE, TEMUCO

En nombre del Movimiento
Indios weichafes e intelectuales,
Son todos iguales:
se engrupen a primera mujer
que se les atraviese
y como algunas andan en la búsqueda de  su identidad,
les satisface   oír  sus discursos.

No queremos ni weichafes, ni intelectuales.
que  menoscaben
nuestro sentir como mujeres mapuche
Se habla de respeto y se censura por dentro,
mientras en casa
se va perdiendo la risa de la mujer cansada
que ha trabajado duro todo el día…
Pero no importa
que todo marche bien,
en nombre del movimiento mapuche
hombres guerreros
hombres sangrientos,
hombres entre la teoría y el pensamiento,
cuánto de lo que protestan
es lo que practican,
cuánto de lo que practican
cabe en sus discursos…
Que porcentaje es real
Cuánto de ello
SILENCIO
Mientras en casa
Se comen llantos moquillentos,
Mujeres, hijos, hijas, madres
El fuego…

Cuando nos sanaremos de heridas
Y prácticas coloniales
Si en la cotidianeidad
Vamos reproduciendo lo mismo
Que afectó a nuestro pueblo?
  
Las voces de lucha de mujeres mapuche
En silencio o en alta voz
 Se alza gritando al viento
Que nos merecemos respeto
¡Llamuwvn!
Que nuestros hijos e hijas
Merecen también ese llamuwvn
No queremos formar parte
De las mismas contradicciones
Que se han ido reproduciendo

Desde mis más antiguas abuelas
Hasta estos tiempos…
weichafes e intelectuales
Representando a un pueblo
Aprovechándose de su condición
Realizan estas prácticas,
¡Cuando hablaremos de lo que nos
Hierve en la sangre,
Cuando gritaremos las verdades.
Acaso la mujer mapuche
Debe callarlo!
A caso no puedo decir lo que siento,
Nací mujer y mapuche,
La tierra me recibe con los brazos abiertos
Soy pluma que el viento no lleva,
Oigo voces produciendo ecos
Y  oídos sordos
En nombre del Movimiento.

* Klaura Anchio Boroa, feminista y creadora mapuche, poeta autodidacta y orfebre, proviene del territorio Boyeco, camino Chol-Chol, comuna de Temuco.  Este poema es publicado con la autorización de su autora.
Fuente de sus creaciones: malen-creacionesliterarias